Un número significativo de publicaciones científicas y de información en sitios gubernamentales en Estados Unidos mencionan que el desperdicio de comida se estima entre un 30 y 40 % a nivel nacional, lo cual lleva a pensar en recomendaciones para reducir las toneladas de alimentos que cada año se generan en supermercados, restaurantes y hogares, contaminando el medio ambiente con la emisión de gases de efecto invernadero. Las recomendaciones para reducir este gran problema se centran en la prevención, la donación, la reutilización creativa (upcycling), el uso agrícola y el compostaje. Sin embargo, cuando se habla de desperdicio de alimentos, hay un aspecto del que se discute poco: el idioma. En Estados Unidos, el español es el segundo idioma más hablado, con estimaciones que rondan los 41 millones de hablantes. Esto convierte al español en un área de oportunidad para el éxito en la implementación de políticas de prevención de desperdicio de alimentos; a este concepto se le puede nombrar inclusión lingüística.
En mi trabajo como especialista en prevención de desperdicio de alimentos, me ha tocado dar pláticas tanto en inglés como en español. Durante estas pláticas he visto una diferencia evidente: cuando la información llega en el idioma que las familias entienden y usan en su vida cotidiana, la adoptan con mayor facilidad. Explicar qué significan las fechas de caducidad, cómo conservar mejor los alimentos o cómo aprovechar los restos puede parecer algo básico, pero para muchas familias hispanas en Estados Unidos no siempre existen recursos con buena calidad de traducción o transcreación, o simplemente no son accesibles en su idioma.
¿Por qué es importante la inclusión lingüística en los esfuerzos de sustentabilidad?
Tener acceso a información adecuada y fidedigna facilita los procesos de cambio. Las campañas contra el desperdicio de alimentos suelen estar pensadas para un público angloparlante, lo que deja fuera de contexto y limita la participación de comunidades de color históricamente marginadas. Estas barreras lingüísticas impiden que las personas que no hablan inglés participen activamente en la solución de problemas de sustentabilidad como el desperdicio de comida. La justicia lingüística se convierte así en un elemento clave de la justicia alimentaria y medioambiental. Contar con información clara y simple puede incrementar la probabilidad de éxito de las políticas de prevención entre las comunidades hispanohablantes.
El Uso de Herramientas Tecnológicas
Actualmente, la tecnología juega un papel clave en la solución a grandes problemas de la humanidad, entre ellos el desperdicio de comida. El diseño y uso de aplicaciones en español que ayuden a planificar compras, donar comida extra o compartir recetas sencillas pensadas para la comunidad inmigrante y la cultura latina es fundamental para maximizar el uso de los ingredientes y darles un segundo propósito a productos que otros descartarían. Integrar las raíces culturales en la vida comunitaria en Estados Unidos es una forma de justicia ambiental.
Cabe mencionar que las comunidades inmigrantes construyen soluciones basadas en la manera en que resuelven retos en sus comunidades de origen. Por ejemplo, las cocinas comunitarias o los bancos de alimentos con enfoque culturalmente específico no solo evitan el desperdicio, sino que también fortalecen las redes de apoyo y colaboración. Así, el idioma deja de ser una barrera para convertirse en un puente.

Recomendación final
La propuesta es simple: aportar soluciones prácticas basadas en la inclusión lingüística que incorporen elementos culturales y de sustentabilidad puede generar acciones concretas para reducir el desperdicio de comida en Estados Unidos. La creación de guías multilingües para hogares inmigrantes que tienen como primer idioma el español no debe considerarse un gasto para las organizaciones, los gobiernos locales o estatales ni para el gobierno federal; debe entenderse como parte integral del proceso para reducir el desperdicio.
El diseño de campañas educativas y de prevención en español, en colaboración con actores de la cadena de suministro de alimentos, como supermercados, distribuidores y agricultores, puede significar una reducción significativa en el desperdicio. Además, la divulgación de casos de estudio que evidencien la relación entre barreras lingüísticas, prácticas de desperdicio e historias de éxito ayudará a avanzar hacia un futuro más justo y sostenible.
La reducción del desperdicio alimentario no depende solo de innovaciones tecnológicas o políticas ambientales, sino también de reconocer que la inclusión lingüística es un elemento vital de los planes de sostenibilidad. Si queremos avanzar hacia un futuro más inclusivo, debemos garantizar que todas las comunidades, incluidas las comunidades inmigrantes e hispanohablantes en Estados Unidos, tengan acceso equitativo a la información, a los recursos y a las soluciones en español. Quizá algún día esa cifra del 30 al 40 % de desperdicio de comida que vemos actualmente se reduzca a la mitad o más en un futuro cercano.
Biografía de Ángel Contreras

El Dr. Angel Contreras Cruz es especialista en sustentabilidad y prevención del desperdicio de alimentos, con amplia experiencia en investigación, gestión tecnológica y trabajo comunitario bilingüe. Actualmente colabora con la Ciudad de Gresham como Bilingual Food Waste Prevention Outreach Specialist, coordinando programas de reducción de desperdicio de comida. También se desempeñó como Sustainability Specialist en el Centro de Recursos para la Prevención de la Contaminación, donde apoyó a empresas en Estados Unidos y México en procesos de certificación ambiental bajo el estándar Safer Choice de la EPA.
Angel obtuvo un Ph.D. en Ingeniería y Gestión de la Tecnología en Portland State University, donde su investigación se centró en la evaluación de políticas de inmigración para profesionales tecnológicos en Estados Unidos. Su trayectoria combina proyectos en industria, academia y sector público, incluyendo experiencia en conferencias internacionales como PICMET y múltiples publicaciones en revistas de gestión tecnológica y sustentabilidad.
Angel es originario de Oaxaca, México y tiene una sólida formación en ingeniería industrial y desarrollo regional, Angel ha dedicado su carrera a impulsar soluciones prácticas e inclusivas en temas de sustentabilidad, justicia ambiental y participación comunitaria.
Ángel Contreras
El Dr. Angel Contreras Cruz es especialista en sustentabilidad y prevención del desperdicio de alimentos, con amplia experiencia en investigación, gestión tecnológica y trabajo comunitario bilingüe.
Ángel es originario de Oaxaca, México y tiene una sólida formación en ingeniería industrial y desarrollo regional, Ángel ha dedicado su carrera a impulsar soluciones prácticas e inclusivas en temas de sustentabilidad, justicia ambiental y participación comunitaria.
