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Vivimos un momento en el que la distancia entre lo que sabemos y lo que hacemos se ha convertido en un riesgo estructural. Mientras la ciencia trabaja para evitar que el planeta cruce puntos de no retorno, muchas decisiones estratégicas siguen guiándose por lógicas del siglo XIX: expansión territorial, dependencia de los combustibles fósiles, explotación intensiva de recursos y una visión fragmentada del mundo.
Esta desalineación entre poder y conocimiento no es anecdótica. Es profunda. Y condiciona nuestra capacidad de construir un futuro estable y sostenible.
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Los límites del planeta: el marco científico que el poder ignora
En 2009, un grupo de 28 científicos liderados por Johan Rockström y Will Steffen publicó en Nature el concepto de límites planetarios: nueve procesos del sistema Tierra cuya transgresión puede desencadenar cambios abruptos e irreversibles a escala continental o planetaria (Rockström et al., 2009).
La actualización de 2023, publicada en Science Advances, elevó la alerta: seis de esos nueve límites ya han sido superados (Richardson et al., 2023). No estamos en la antesala del riesgo. Estamos dentro de él.
Este marco científico proporciona el contexto imprescindible para entender por qué las decisiones energéticas, territoriales y ecológicas de las próximas décadas tienen un carácter verdaderamente civilizatorio.
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El poder fósil: cuando el pasado dicta el futuro
En plena crisis climática, gobiernos y corporaciones siguen celebrando nuevos yacimientos petroleros como si el planeta no estuviera sometido a límites biofísicos cada vez más estrictos.
Un ejemplo reciente es el proyecto Pikka, en el norte de Alaska. En agosto de 2022, las compañías Santos y Repsol aprobaron una inversión de 2.600 millones de dólares para desarrollar un yacimiento que representa “uno de los mayores descubrimientos de petróleo convencional en Estados Unidos en los últimos 30 años” (Santos, 2022). El proyecto prevé una producción de hasta 80.000 barriles diarios a partir de 2026. Sus promotores destacan su baja intensidad de emisiones, lo que ilustra las tensiones internas de la industria ante la transición energética.
El problema no es un proyecto concreto, sino la lógica que lo sostiene: petróleo = poder = seguridad. Una ecuación heredada del siglo XX que ya no funciona en un mundo que se calienta.
Descarbonización y desfosilización: una distinción necesaria
- Descarbonización es el término consolidado en la literatura científica y en organismos como el IPCC. Hace referencia a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente CO₂, mediante la sustitución de energías fósiles por renovables, la mejora de la eficiencia energética y la captura de carbono.
- Desfosilización es un concepto más específico que apunta al origen del carbono que utilizamos. El objetivo no es prescindir del carbono como elemento —necesario para combustibles de aviación, materiales, fármacos o procesos industriales—, sino dejar de extraerlo del subsuelo y obtenerlo de ciclos circulares: biomasa sostenible, residuos, CO₂ capturado o carbono atmosférico. Sin cerrar este ciclo, la descarbonización sigue siendo incompleta.
Además del trabajo de Walton et al. (2024), el concepto de desfosilización aparece cada vez con más frecuencia en revistas como Nature Energy, PNAS, Green Chemistry o Energy & Environmental Science, donde se utiliza para describir la sustitución del carbono fósil por carbono circular en sectores difíciles de electrificar. Esta convergencia terminológica refuerza la idea de que descarbonizar sin desfosilizar deja intacta la raíz del problema.
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El poder territorial: cuando el mapa pesa más que el clima
La misma lógica extractiva reaparece en el ámbito geopolítico.
Las declaraciones del presidente Trump sobre la posible “adquisición” de Groenlandia —reiteradas en 2025 y 2026— generaron una respuesta inmediata de la comunidad científica. Más de 350 investigadores firmaron una carta en enero de 2025 en apoyo a la soberanía de Groenlandia. En enero de 2026, más de 200 científicos que trabajan en la isla firmaron una segunda declaración, publicada por Nature y Eos, afirmando: “Groenlandia no es de nadie para comprar ni tomar”.
Su oposición no era ideológica, sino científica: Groenlandia es un componente esencial del sistema climático global. Regula el nivel del mar, influye en las corrientes oceánicas y es sede de décadas de investigación polar de valor planetario.
La ciencia necesita estabilidad, cooperación y continuidad. El poder, en demasiadas ocasiones, sigue pensando en términos de ocupación, influencia y control.
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Más allá del clima: la crisis de la naturaleza como desafío civilizatorio
La pérdida de biodiversidad, la degradación de suelos, la deforestación, la presión sobre los océanos y la alteración de los ciclos del agua avanzan en paralelo al cambio climático y están estrechamente interconectados con él.
Los bosques, los océanos, los suelos y la biodiversidad no son recursos aislados: son infraestructuras biológicas que sostienen la vida y la estabilidad del sistema planetario. Tratarlos como piezas separadas es la expresión más clara del pensamiento lineal que domina el poder tradicional.
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La fractura conceptual: pensamiento lineal frente a pensamiento sistémico
Los ejemplos energéticos, territoriales y ecológicos revelan una misma tensión:
- El poder tradicional opera con una mentalidad extractiva, reactiva y fragmentada.
- El conocimiento científico opera con una mentalidad sistémica, interdependiente y orientada a la sostenibilidad.
Esta fractura no es solo epistemológica. Es un riesgo estructural, porque las decisiones tomadas desde el primer marco tienen consecuencias que el segundo ya puede anticipar y cuantificar.
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Pensamiento circular: la base de una economía alineada con los límites planetarios
El pensamiento circular es coherente con lo que la ciencia del sistema Tierra nos dice:
- El carbono debe circular sin añadir carbono fósil.
- Los materiales deben recircular sin generar residuos persistentes.
- Los ecosistemas deben regenerarse.
- La energía debe provenir de flujos renovables.
Comprender estos principios no es un ejercicio técnico: es el requisito mínimo para orientar la gobernanza hacia modelos verdaderamente sostenibles.
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Hacia una gobernanza del conocimiento
Una gobernanza alineada con el conocimiento exige:
Primero, reconocer la interdependencia planetaria como punto de partida.
Segundo, incorporar la inteligencia colectiva como motor de transformación.
Tercero, situar la ética junto a la ciencia y la tecnología en el centro de las decisiones estratégicas.
Si queremos que el poder deje de operar con mapas del siglo pasado, necesitamos estructuras capaces de traducir conocimiento en acción colectiva, y de hacerlo de forma inclusiva, ética y global.
De la diagnosis a la acción: inteligencia colectiva como respuesta
Este artículo ha trazado un diagnóstico. Pero un diagnóstico sin propuesta es solo un inventario de problemas.
Esa propuesta la desarrolla el libro Inteligencia Colectiva y Gobernanza del Conocimiento – El poder de lo colectivo para un liderazgo global ético y sostenible. A lo largo de veinte capítulos, recorre los fundamentos históricos de la inteligencia colectiva, sus aplicaciones en la gobernanza contemporánea y los modelos que permiten pasar del pensamiento sistémico a la acción transformadora.
La propuesta se materializa en la Plataforma OSICO, un espacio donde pensamiento circular, tecnología y ética convergen para impulsar soluciones colaborativas de impacto positivo.
En un mundo donde el poder sigue operando con mapas del siglo pasado, construir gobernanza desde el conocimiento compartido no es una utopía. Es la condición mínima para que haya futuro.
Referencias principales:
- Rockström, J. et al. (2009). Nature, 461, 472–475.
- Richardson, K. et al. (2023). Science Advances, 9(37).
- Walton, K.S. et al. (2024). Nature Reviews Chemistry, 8, 376–400.
- Santos Ltd. (2022). Comunicado oficial sobre el proyecto Pikka.
- Nature (enero 2026). “US scientists push back as Trump eyes Greenland”.
- Eos (enero 2026). “Hundreds of Scientists ‘Vehemently Oppose’ U.S. Effort to Purchase Greenland”.
- Bulletin of the Atomic Scientists (enero 2026). “‘Greenland belongs to its people’…”.
Doctor en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid y Licenciado en Derecho por la Universidad CEU. Director de Agencia de Desarrollo, líder en economía circular y pionero en acción climática, colabora con diversas comisiones de Naciones Unidas.
Fundador y director de la Plataforma OSICO, impulsa un espacio innovador de reflexión y cooperación frente a los grandes desafíos contemporáneos.